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En vísperas de los Juegos Olímpicos de Invierno Milán-Cortina 2026, recordemos el discurso que Pierre de Coubertin pronunció en la ceremonia de clausura de la “Semaine Internationale des Sports d'Hiver”, en Chamonix-Mont-Blanc, el 5 de febrero de 1924.

La Semaine Internationale, organizada por el Club Alpin Français, se celebraba anualmente en Francia desde 1907; tuvo dos ediciones en Chamonix, en 1920 y 1921. Fue en ese entorno donde maduró la idea de incorporar las modalidades invernales al programa Olímpico.

El discurso de Coubertin está publicado en el Informe Oficial de los Juegos Olímpicos de París 1924:

Creo que entre nosotros muchas conciencias no quedarían satisfechas si no aprovechara esta ocasión para expresar la admiración y la gratitud que nos inspiran los esfuerzos realizados con el fin de asegurar a este primer torneo olímpico de deportes de invierno el más alto grado de perfeccionamiento técnico. Uno de los dirigentes escandinavos más cualificados dijo ayer que, en muchos aspectos, lo visto aquí podría servir de modelo incluso para la organización, tan reputada, de los Juegos del Norte. Esto, estimados colegas del Comité Francés, tiende a compensar ciertas críticas nacionales ásperas e injustas.

Entre los numerosos espectadores que asistieron a las pruebas de estos últimos días, hay muchos que han descubierto ejercicios cuya belleza no sospechaban y quizá se hayan sorprendido de hallarlos tan duros, tan violentos. Esto se debe a que vivimos bajo la influencia de un doble error: el primero es el de los higienistas y los pedagogos que confunden la educación física con el deporte. La educación física es algo bueno para todos; debe ser científica y moderada; corresponde al Estado asegurar su funcionamiento normal. El deporte es algo más: es una escuela de audacia, de energía y de voluntad perseverante. Por su esencia, tiende al exceso; necesita campeonatos y récords, y es esa su bella y leal brutalidad la que hace a los pueblos fuertes y sanos.

El otro error es el nuestro: el de los propios deportistas, inclinados a pensar que el deporte se mantiene por sí mismo y se propaga por su sola esencia. Al contrario, es una planta delicada que hay que rodear de muchos cuidados para impedir que se marchite y se corrompa.

Los deportes de invierno están entre los que poseen mayor pureza, y por eso, por mi parte, tanto he deseado verlos ocupar un lugar definitivo en las manifestaciones olímpicas. Nos ayudarán a custodiar la idea deportiva y a preservarla del mal. En la práctica, ciertamente existen grandes dificultades para la realización de este propósito, pero es una ventaja valiosa contar con una experiencia inicial como la que acabamos de vivir aquí.

Que todos los que contribuyeron a su magnífico éxito reciban, pues, el tributo de nuestro reconocimiento.

Pierre de Coubertin, 5 de Febrero de 1924.

Este discurso inspira el mensaje del Centro Latinoamericano de Estudios Coubertinianos a los atletas que competirán en los Juegos Olímpicos de Invierno Milán-Cortina 2026:

Honren la audacia y la voluntad perseverante que sustentan el legado de los Juegos de Invierno. Vivan plenamente la Amistad, el Respeto y la Excelencia en cada competición. Que el ideal visionario de Coubertin, que nos trajo hasta aquí, inspire sus conquistas y perpetúe el Espíritu Olímpico en tierras italianas.