El tiempo, ese gran juez de la historia, nos ha regalado la oportunidad de contemplar con calma el verdadero significado de los Juegos Olímpicos de París 2024. Ha pasado un año desde que el pebetero se encendió, y el bullicio de las gradas ha dado paso a una silenciosa reflexión. Ahora, en la serenidad de la retrospección, podemos discernir qué ha quedado más allá de la brillantez fugaz de las medallas y los récords. El verdadero legado de París 2024 late en sintonía con los principios fundacionales del Olimpismo, ese noble ideal que Pierre de Coubertin defendió con la pasión de un educador y la visión de un humanista.
En alusión al Día Olímpico, el Centro Latinoamericano de Estudios Coubertinianos tiene el honor de anunciar el lanzamiento del libro “Mosaico Coubertiniano”.
El 23 de junio de 1894, el anfiteatro de la Sorbona, en París, se convirtió en el escenario de una revolución pacífica: bajo la mirada de un público atento, Pierre de Coubertin presentó su audaz propuesta de revivir los antiguos Juegos Olímpicos. Con ello, no solo resucitó una tradición milenaria, sino que también sentó las bases de un movimiento que trascendería continentes, ideologías y generaciones, forjando lazos de amistad, respeto y excelencia entre los pueblos.